El 3 de marzo a las 7.15 de la tarde, el conductor y actor Julián Weich y el rugbier Ezequiel Baraja pisaron el sitio más alto del continente, junto a nuestros guías Ulises Corvalán y Guillermo Fuentes y al fotógrafo Pablo Betancourt. Entre todos desplegaron la bandera Olímpica a 6.960 metros de altura.

El grupo llegó a la cumbre tras un esfuerzo de tres jornadas épicas. “Nos tocaron condiciones poco favorables. Tuvimos que usar grampones desde el campamento Nido de Cóndores”, cuenta el guía principal del equipo, Ulises Corvalán. “El día de cumbre tuvimos que abrir huella en nieve profunda”, agrega.

Al mal tiempo se sumó que Ulises tuvo que realizar la última etapa del ascenso con un persistente dolor de espalda.

El proyecto “Summit Aconcagua 2018” es una iniciativa de Matías Gutiérrez Moyano. El emprendedor de Buenos Aires reunió a once atletas y personas que destacaran por sus historias personales de superación, y les planteó el desafío de subir el Aconcagua.

El equipo se fijó el objetivo de llevar el estandarte de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 a la cumbre, para promover el deporte y los hábitos saludables.

Julián Weich, por su parte, contó con auspiciantes que, por cada metro ascendido por el conductor de TV, aportarían fondos a una fundación de apoyo a chicos con discapacidades.

El equipo cumplió todos los objetivos. Lograrlo les tomó 15 días en el duro ambiente de la montaña, y el cerro no les regaló nada.

Para cuando la expedición terminó la etapa de aclimatación en el campamento base Plaza Mulas (4.350m), sólo quedaban  cinco de los once integrantes originales, más cuatro miembros del equipo de apoyo y cuatro guías.

Entre los atletas, la judoka Paula Pareto –la única argentina que obtuvo un oro olímpico- no continuó hacia la cumbre porque su plan original era llegar sólo hasta Plaza de Mulas.

El basquetbolista Fabricio Oberto, estrella de la NBA y también campeón olímpico, por su parte, desistió del intento de cumbre para no exponerse a la gran demanda aeróbica (sufre una afección cardíaca).

También regresaron: Pablo Gieselow, un abogado que perdió ambas piernas en un accidente de auto y ahora corre largas distancias con prótesis; Elisa Forti y Fernando Mariño.

El 27 de Febrero – día 9 en la montaña- los integrantes del grupo que quedaban en carrera empacaron su equipo de montaña y la bandera olímpica. Con un poco de incertidumbre acerca del estado del tiempo en los días siguientes, dejaron Plaza de Mulas y se encaminaron hacia la etapa decisiva del ascenso.

El grupo partió hacia el campamento Plaza Canadá, con Ulises Corvalán a la cabeza. El equipo de guías lo completaban Guillermo Fuentes (como guía individual del capitán de la Selección Nacional de Fútbol para ciegos, Silvio Velo), Herman Kneeteman y Gilda Isoardi.

Las nevadas y el viento dificultaban el ascenso, y se hizo necesario realizar un intenso trabajo en equipo para seguir ganando altura.

Finalmente lograron armar el último campamento, en la frontera de los 6.000 metros. De los integrantes originales quedaban Velo, el español Alvaro Casillas (un ex torero), Peter Czanyo (un ex fumador al que el tabaco le costó un pulmón), la nadadora María del Pilar Pereyra, Weich y Baraja.

Del equipo de apoyo estaban la nutricionista Pinky Zuberbuhler, el doctor Santiago Arce y el fotógrafo Betancourt.

El ascenso entre Nido de Cóndores (5.560m) y el campamento Cólera (5.970m) fue largo y agotador, a causa de la nieve fresca que cubría las laderas.

A los más lentos este trayecto les demandó ocho horas, más del doble de lo habitual, por lo que terminaron agotados. Pero no había muchas opciones; la jornada siguiente (3 de marzo) era el día de cumbre.

María del Pilar, Peter y Santiago decidieron permanecer en la carpa y no intentar la cumbre. Silvio pasó mal la noche, y en la madrugada también opto por quedarse en el campamento.

El resto del grupo dejó el abrigo de las carpas antes de los primeros rayos de sol, dispuestos a dar el mejor esfuerzo; no “contra” la montaña sino con ella, no con el fin de “conquistar” el cerro sino para hacerse uno con los elementos.

Tras algunas horas de esfuerzo agotador para abrir huella en la nieve, a más de 6.000 metros, Alvaro y luego Pinky emprendieron el regreso. Herman y Gilda bajaron con ellos.

Se hacía tarde. Ulises, uno de los guías con más cumbres en el Aconcagua del mundo, evaluó las condiciones y decidió que podían continuar hacia arriba en un último esfuerzo. Hasta que de pronto una cruz de aluminio envuelta en banderas les indicó que ya no les quedaba un lugar más alto, al menos en esta mitad del planeta.

En la cumbre salió a la luz la bandera olímpica, y también algunas lágrimas y muchos abrazos.

Pero no fue hasta pasada la medianoche, cuando se apagó la última linterna y cada uno se refugió en su bolsa de dormir, que los montañeros dieron por cumplida la misión.

¡Felicitaciones a todos aquellos que hicieron posible el proyecto “Summit Aconcagua 2018”!

[ Nicolás García ]

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